Afrodita

“El sexo forma parte de la naturaleza.
Y yo me llevo de maravilla con ella…”
Marilyn Monroe

“El sexo forma parte de la naturaleza.
Y yo me llevo de maravilla con ella…”
Marilyn Monroe

M. Night Shyamalan es mi director gurú. Intento pertenecer al selecto club de los ‘entendidos’: esos que aspiramos a comprender el complejo significado de su concepto audiovisual. Mientras otros despedazan sus obras, sus seguidores somos conscientes de que la red de pensamientos de M. expone la esencia de la mísera existencia humana.
En la lucha de ideas,
las ideas que no se conocen, no luchan.
Para todos aquellos que decidieron -como dijo Rodolfo Walsh- que de todos los oficios terrestres, el violento oficio de escribir era el que más les convenía en esta militancia de la pablabra, van mis más sinceros saludos.
Y para quienes le pusieron precio a sus convicciones para poder ser propaladoras del pensamiento único, mis más sinceros repudios. No puedo saludarlos hoy porque no son periodistas; son voceros.
Sólo usted sabrá entonces qué parte de la dedicatoria le corresponde.

Texto de Luciana Mignoli -amiga y periodista argentina-
Foto: Suicide Girls
Fotografía de Alex Kristov extraída de la web ‘Noctambulario‘
“Nunca pienso en el futuro. Llega demasiado rápido”
A. Einstein
Visitando ‘La última inocencia‘ me encontré este video y me lo descargué de ‘No me llames Lola‘ para subirlo al Youtube
“El cosplay (’コスプレ’ ‘kosupure’) etimológicamente del inglés costume play, ‘juego de disfraces’, consiste en disfrazarse de algún personaje (real o inspirado) de un manga, anime, película, libro, comic, videojuego o incluso cantantes y grupos musicales e intentar interpretarlo en la medida de lo posible. Aquellos que siguen esta práctica son conocidos como cosplayers, […]”
(Copiado literalmente de Wikipedia)

(Dale a ‘más’ y verás más cosplayers de Misa -Death note-)
¿Qué temas crees que son los que venden? ¿Cuál es la literatura en la que nos gastamos el mísero sueldo? Vivimos en una sociedad donde el drama es la filosofía de vida. De un granito de arena formamos montañas cargadas de miedo, odio, y violencia. Dependemos de la gratitud de los demás, de la aprobación social, en vez de centrarnos en buscarnos a nosotros mismos. Lo que suena a psicología barata de cualquier manual de autoayuda es una verdad como un templo. Siempre critiqué este tipo de literatura, son falacias maquilladas en inocuos manifiestos; lo veo todo demasiado abstracto como para convertirlo en algo tangible y aplicable a nuestra cotidianidad. Pero no puedo negar lo evidente. Si no hay dolor, no hay existencia. O al menos, en ello nos obcecamos. Si alguien no nos ofende, humilla, o nos hace daño, no nos sentimos vivos. Si al menos, una vez por semana, no sentimos melancolía, tristeza o, quizás, derramemos alguna lagrimilla, no, no somos personas.

Estamos enganchados al drama. Nos encanta sentirnos víctimas del mundo. Y lo peor de todo, es que seguro que somos de las personas más afortunadas que vivimos en él. ‘Siempre hay alguien peor que nosotros’, ¡cómo nos molesta que nos intenten consolar así! Consuelo de tontos. ¿Realmente es de tontos? ¡Es que tiene razón! –verdad universal e incuestionable, ¿no?-
Y cuando leemos, queremos conocer las miserias del protagonista. ¡Buff! y como sea una novela autobiográfica, ni os cuento. Si su pareja le fue infiel, si la sometió a vejaciones, si la dejó embarazada, si se acostó con todos sus amigos, si fue un/a niño/a maltratada, si sufre de trastornos de la alimentación y –esto es la cúspide el éxtasis- si se intentó suicidar. Ahí van, adolescentes –que dicen sentirse identificadas- ávidas de alabar al ídolo que sobrevivió a la búsqueda de su propia muerte. Y si nos enseña las marcas físicas, elementos empíricos del dramático pasado, se convierte en best-seller. Flashes, fotografías que inmortalizan el suceso. Drama, drama y más drama. Los verdugos. Nos encanta leer biografías de psicópatas, observar sus rostros, el rictus de su cara, el vació y odio que refleja sus ojos opacos, y los análisis que hacen los expertos en fisonomía humana. ¿Qué pasaría por su mente? -¿Por qué me interesa tanto?: ¡Si soy incapaz de matar una mosca!-
-No entiendo porqué admiras a los libertinos- me pregunta- No lo sé, su estilo de vida, tan opuesto al mío, me suscita curiosidad- replico. Frunce el ceño. - Sigo sin entenderte, yo prefiero aquello que se asemeja a mi pensamiento- Y como un resorte, exclamo: -¡Qué aburrimiento!-
El sexo vende
Y el sexo… -Escribe algo que en el título tenga la palabra sexo, y verás cómo vendes- Qué gran verdad. Me pregunto si todos los escritores/as que han empezado por retratar el coito en todas sus variantes, realmente, aspiran a sólo tratar dicho tema. Cuando te das cuenta de que quieres lanzarte al mercado nacional, te atreves a escribir sobre ello. Y te das cuenta que hay gente que se lo toma muy enserio. Como el cine X. Los hay que afirman que es un arte, y que el cine convencional debería respetarlo como tal. Está claro que un libro sobre sexualidad puede ser catalogado como una obra interesante e, incluso, convertirse en objeto de demanda. En el campo audiovisual, una película porno es un producto consumido por unos cuantos -y por unos tantos otros que no lo confiesan y lo hacen en la más absoluta intimidad- Supongo que la diferencia radica en que cuando lees, la imaginación entra en juego, y te conviertes en el/la protagonista indiscutible del texto; mientras que en cine, el/la protagonista es una mujer de largos cabellos rubios, poderosa delantera y unas uñas… -¡Mi madre!, no entiendo cómo no se hacen daño con esa manicura francesa…- ¡Y los hombres! ¡Esos ‘enormes’ miembros, objetos de adoración por las sumisas féminas! -¿en qué piensa un chico cuando se ‘compara’ con esos ‘portentos’?
Somos unos obsesos en una sociedad que se autoengaña, que vive en un planeta fracasado, abocado a su extinción, con desigualdades sociales tan acusadas que no soy capaz de imaginarme la vida de un ser humano con un dólar, mientras que otros no saben en qué gastarse el dinero. Consumistas, inconformitas, seres con vidas patéticas, mediocres, tristes, sin ilusiones. Sumergidos en el drama, enganchados a él. No hay cabida para tantos sueños en este espacio, no hay tiempo, ni ganas de intentarlo. Y así viven -o sobreviven, según se mire- en una existencia gris, persiguiendo un estilo de vida, que sólo existen en las pelis yanquis: ‘papá oso, mamá oso y niños ositos’ Cada mañana me despierto con una sensación de pánico, de miedo, maldito reloj…
Instantes de éxtasis que palian el dolor de la existencia. Sudor, olores, secreciones, orgasmos cósmicos que nos elevan, que nos hacen morir por unos instantes. -Me pasaría la vida haciéndote el amor- me dijeron en una ocasión. Todo se convierte en una burbuja en el tiempo, la fusión de los sexos se me asemeja al parpadeo de la felicidad. Un parpadeo tan intenso, donde un segundo no dura poco, es la eternidad convertida en deseo. Seres obsesivos, dependientes, insípidos, incoloros… En definitiva, creo que nos enganchamos más al sexo que al drama. No me extraña.


La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante…
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